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lunes, 11 de agosto de 2008

Cucarachas: símbolos de la supervivencia.


Hoy me he decidido por fin a comprar un spray para matar cucarachas. Hacía diez años que no mataba a una cucaracha, al menos con consciencia de ello. La última vez que me enfrente a una la dejé libre.
Yo había entrado a mi habitación con el firme propósito de echarme a la cama, leer un par de páginas de uno de los libros que siempre tengo al lado de la cama, apagar el flexo de la mesita de noche, y buscar un sueño placentero, cuando vi corretear una cucaracha, de las pequeñas y marrones, las americanas, la Periplaneta Americana. Aproveché un vaso de cristal que había en la mesita de noche y la metí dentro. La cucaracha en lugar de arredrarse, se mantuvo vital y fuerte, intentando una y otra vez salir del vaso, sin conseguirlo. La observe como media hora, y en ningún momento se rindió. Esta observación más el recuerdo de un capítulo de Justine o el infortunio de la virtud del Marqués de Sade, me llevó a soltarla a la calle, sin causarle el menor daño.
Algunos, tal vez, os preguntéis que tiene que ver el capítulo de la terrible novela del Marqués de Sade con la liberación de esta, en este caso, afortunada cucaracha. Pues bien, Justine, es la historia de una muchacha muy rubia y muy bella y muy virtuosa que sufre las mil a manos de pervertidos señores que se va encontrando a lo largo del tiempo. Unos curas degenerados, unos burgueses con un desaforado apetito sexual, unos señores obsesionados con macabras perversiones, decenas de hombres malvados encargados de abusar de la joven muchacha. Hay un capítulo en el que Justine, después de liberarse de uno de estos personajes malévolos, se encuentra que en un cruce de caminos unos asaltadores están golpeando y robando a un señor. Cuando por fin los ladrones se marchan con el botín, la joven y guapa rubia Justine se acerca al asaltado, le cura las heridas y le ayuda a restablecerse de las heridas. El hombre, una vez recuperado le dice a Justine, que le dará cama y comida si va con él a su casa. Ella decide acompañarlo, y poco después en una alta montaña, aparece el castillo del señor. Una vez dentro del castillo, Justine es apresada, y atada a una noria, a la que, juntamente con otras jóvenes, tiene que mover con su propia fuerza. Ella horrorizada le pregunta al caballero por qué si ella le curó las heridas y le dio comida, él la corresponde de esa manera. A lo que él responde que ella le curó porque quiso, que él nada le pidió, que si ella se acercó fue por su propio gusto, y que él, por su parte obtiene gusto encerrándola en su castillo y haciéndola mover la noria como si fuese un asno. ella no lo comprende, y él (el Marqués de Sade tiene un lenguaje siempre muy filosófico) le acaba diciendo: ¿acaso los humanos no matan a las cucarachas? ¿Acaso las cucarachas son menos que los humanos? Entonces, ¿por qué los humanos se sienten con la potestad para matarlas?
Así que yo decidí no matar más cucarachas, y no sólo eso, sino que además me puse a curiosear sobre su naturaleza, y después de aquella observación de la cucaracha dentro del vaso intentando escapar, y después de los datos que encontré, comencé a ver a la cucaracha como el símbolo de la supervivencia. De hecho, la cucaracha apareció hace tresciento millones de años, mientras que el homo sapiens tan sólo lleva sobre el planeta 160.000 años.

En concreto la Periplaneta Americana, no suele causar enfermedades, tal vez sólo a los alérgicos, o a los asmáticos, aunque sí que pueden dañar la comida. Aún así hoy he apretado el spray causando muerte a tres cucarachas, al menos he visto a tres, que pululaban por el baño, y una por la cocina, que han quedado ya sin vida.

Tal vez todo se deba a que el otro día vi como una casa abandonada estaba llena de cucarachas y me dio mucha repulsión, así que he roto con mis diez años de respeto hacia este animal prehistórico. Lo que yo no sabía, o no era consciente, una vez más allá va mi ignorancia, es que no toda la población sabe de la vida y comportamientos de las cucarachas.

En casa de mis padres, una casa oscura y húmeda, además de calurosa, yo siempre vi cucarachas. De hecho el caso que contaba al principio, de la cucaracha en el vaso, se dio en casa de mis padres. Cuando abandoné la casa de mis padres me fui a un piso, un tercero, después, a un quinto, después de nuevo a un tercero, y sólo en la residencia actual un primero, me he vuelto a topar con ellas. Tal vez esto haya ayudado a conseguir estos diez años de armisticio.

Pues bien, para los que no lo sepan, las cucarachas suelen aparecer en establecimientos, más que en casas, y sobretodo más que en pisos. Se pasean como Pedro por su casa, es decir, a sus anchas, hacia el atardecer, y sobretodo por la noche, cuando todos estamos dormiditos. Por eso siempre es una sorpresa encontrarse a una en el baño cuando uno se levanta a media noche a mear, o en la cocina cuando uno se levanta a beber o a buscar alguna cosilla en la nevera. Durante el día no es común verlas porque se esconden en grietas, la mayoría de las veces. De hecho, suelen pasar el 75% de sus vidas escondidas en grietas o similares.

Creo que lo más antipáticas las vuelve son sus antenas, que ayudan a contrarrestar su práctica ceguera. También que su tripa sea blanda nos causa desasosiego, pero esto sólo se comprueba si se las pisa.

No me hace feliz haber matado a ninguna cucaracha, preferiría no encontrármelas. y ahora, ya no sé como entender aquello del capítulo del Marqués de Sade. Una vez más se tambalean los pilares que uno no deja de construirse, para llevarse por esta jungla que es la vida.

Para los más curiosos dejo un link interesante...